Al contrario de lo que dice el tópico, un perro y un gato pueden llevarse muy bien e incluso volverse inseparables. La clave está en cómo organizamos su primer encuentro y su convivencia. Así puede favorecer una relación armoniosa.
Dos lenguajes diferentes
La primera fuente de malentendidos es que el perro y el gato no hablan el mismo idioma. Mover la cola expresa alegría en el perro e irritación en el gato. Un perro que quiere jugar puede asustar a un gato que se siente amenazado. Comprenderlo ayuda a anticipar los malentendidos.
Preparar bien el primer encuentro
- Sepárelos al principio: instale al recién llegado en una habitación aparte para que cada uno se acostumbre al olor del otro.
- Intercambie sus olores: pase un paño por uno y luego por el otro e intercambie sus mantas.
- Supervise el primer encuentro: el perro debe estar tranquilo y sujeto con la correa; el gato debe poder acercarse o alejarse libremente, sin forzarlo nunca.
- Premie la calma de ambos y haga sesiones cortas al principio.
Respetar el espacio de cada uno
- El gato siempre debe poder refugiarse en un lugar elevado y acceder a lo que necesita sin cruzarse con el perro.
- Separe los comederos y las zonas de descanso.
- Coloque el arenero en un lugar al que el perro no pueda acceder (algunos perros rebuscan en él, lo que estresa al gato).
¿Cachorros o adultos?
La convivencia suele ser más sencilla cuando los animales son jóvenes o cuando uno ya está acostumbrado a la otra especie. Con adultos que nunca han convivido, simplemente hace falta más paciencia. Algunas razas de perro, con un instinto de caza muy marcado, requieren especial vigilancia.
Señales de que todo va bien (o no)
Son buenas señales que se ignoren tranquilamente, compartan el espacio y terminen jugando o durmiendo cerca. Conviene vigilar si el gato se esconde constantemente, deja de comer o si el perro se obsesiona con él. En esos casos, avance más despacio y, si lo necesita, recurra a un especialista en comportamiento animal.
En resumen
La convivencia entre un perro y un gato exige, ante todo, paciencia y respeto por el ritmo de cada uno: una presentación gradual, espacios propios y mucha calma. Si se organiza bien, este encuentro suele dar lugar a una bonita complicidad entre especies.
Este artículo tiene fines informativos y no sustituye el asesoramiento de su veterinario o de un especialista en comportamiento animal.
















